La glorificación del Padre y la glorificación de Jesús


Para el día de hoy (26/05/09):

Evangelio según San Juan, 17, 1-11a

(La Palabra debe ser leída no sólo desde la razón. No basta sólo una reflexión sustentada únicamente en lo cerebral.
Hay que buscar su sentido más profundo desde el corazón.
Hay que rumiar la Palabra, saboreándola una y otra vez.

Así sucede con la amistad.
-La amistad es cosa más de corazones que de razones.-

El Señor no llama a sus discípulos servidores: los llama y nos llama amigos.

Se está despidiendo.
Pero -misterio infinito de amor- se vá para quedarse de manera definitiva.
Comparte el pan con los suyos. Y más aún. Él mismo se hace Pan.

Vá a glorificar a su Padre en el cumplimiento total y fiel de su misión, que se consumará en su Pasión, Muerte y Resurrección.

Pero es un Dios Amigo.
Y como tal, se preocupa por los amigos antes que por sí mismo.
Saben que quedarán a merced de un mundo voraz en su hambre de muerte.
Pero sabe también que al ser de Él, sus amigos son de su Padre, y los pone en sus manos para que los cuide, para que los proteja, para la vida plena y eterna.

Porque no quiere que sus amigos sólo sobrevivan, sino que aún cuando puedan ser perseguidos y violentados, vivan con mayúsculas.

Porque quiere que vivamos plenos, y no que sobrevivamos. Porque sabe de los peligros que acechan cuando se viven sus enseñanzas.

Porque Él ha glorificado al Padre, y sabe que sus amigos elevarán plegarias glorificándolo a Él como Salvador y Señor.

Y esas alabanzas, esas plegarias que lo glorificarán no necesariamente se expresarán con Palabras.

Sus amigos cantarán su alabanza haciéndose también pan para el hermano, vida para el que desfallece, alegría para el caído, esperanza para el oprimido.

Para mayor gloria y alabanza suya)

Paz y Bien

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