La mesa de los pequeños


Para el día de hoy (31/10/09)
Evangelio según San Lucas 14, 1.7-11

(La estima y el reconocimiento por parte de los demás son necesidades asociadas a la imperfección humana; desde una especulación psicológica, se podría aseverar que soy en tanto el otro me reconoce y me define.
El problema está en que nos olvidamos que antes que todos, Abbá Padre de Jesús y Padre nuestro ya nos ha reconocido y nos reconoce a cada uno de nosotros.

Y la tergiversación de esa necesidad lleva directamente al afán de superioridad, a las veredas rotas de la fama, la posición y la vanidad.
-hoy en día es casi obsceno el afán de figuración; más o menos, quien no aparece en los medios masivos de comunicación, no existe-

Hazte fama y échate a dormir, dice el saber popular, y nosotros quizás agregaríamos sin dudar demasiado, hazte fama y échate a morir, pues creer que a través de la figuración, la ostentación y la comparación uno es más y es mejor que el otro, es sendero seguro a la muerte en vida.

El Maestro viene a prevenirnos acerca de esta actitud, y a prevenirnos, y no lo hace proveyendo una receta o código de conducta, sino invitando a cambiar el corazón.

Las invitaciones al banquete son prerrogativa del dueño de casa, no de sus invitados.
Atención: este Dueño de casa invita según Él quiere, y no por los méritos de los comensales.

-María lo sabía muy bien, por eso debordaba su alma de alegría cantando ¡Dios exalta a los pequeños!-

Atención: este Dueño de casa tiene debilidad por los más pequeños, por los más humildes.
Y las invitaciones que entrega son gratuitas, señores, no se pueden adquirir en la compraventa de las promesas ni con la tarjeta de crédito de las recompensas que presuponemos nos corresponden.

El Maestro nos invita a cambiar el corazón: el Dueño de casa invita por pura gratuidad y con una preferencia extrema por los humildes... Quizás entonces nuestros corazones deban humillarse, hacerse pequeños sin otro interés que el interés del prójimo, al igual que el Dueño de casa.

Mi lugar le pertenece antes que nada al otro.

Quiera el Espíritu del Resucitado auxiliarnos en esta tarea de desterrar todo afán de figuración, todo hambre de recompensas, y buscar ante todo y por sobre todo el servicio al hermano.
Como Jesús, que siendo Dios y Señor se hizo siervo y esclavo, dando la vida en rescate por muchos)

Paz y Bien

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