Con raíces galileas

Para el día de hoy (23/01/11):
Evangelio según San Mateo 4, 14-23

(Los Evangelios no son crónicas ni narraciones historiográficas; antes bien, son relatos teológicos, es decir, espirituales en los que abundan signos y símbolos, para abrirnos el alma, para aguzarnos la mirada interior.

Y Jesús sabe leer bien los signos, sus ojos están siempre atentos: ha sido detenido Juan en los calabozos herodianos. Allí percibe que es el comienzo de su misión, que es hora de ponerse en marcha a pesar de las amenazas y de la muerte que flota en el ambiente.

Al contrario de lo que cabría esperarse del Mesías de Israel, el Maestro no quiere iniciar los nuevos tiempos unido al poder político y al poder religioso desde Jerusalem.
El Reino será cuestión de los humildes, de los pequeños, de los desvalidos, de los servidores.
El templo ya no es el centro: cada hija y cada hijo de Dios ahora es templo vivo del Altísimo, creatura habitada por el Espíritu de Aquel que nos descubre la vida como sagrada.

Un Rey extraño: se retira a los arrabales, a la siempre sospechosa Galilea, tiznada de paganismo, peligrosamente mestiza, demasiado alejada de ortodoxias y del Templo como para que pueda esperarse que salga de allí algo bueno -eso mismo dirían tiempo después de Él, nada bueno puede venir de Nazareth-.
En el lugar menos previsible, comienza el anuncio de la Buena Noticia.

Rara misión de conquista que no impondrá por la fuerza, sino que buscará corazones convertidos; un ejército que sólo tolerará el derramamiento de sangre cuando sea propia y para que otro viva, combate intenso para que nadie muera.

Cuando se oye y se escucha la voz del Maestro, quién puede decir que nó?
Los primeros convocados son pescadores, dos pares de hermanos, Simón y Andrés por un lado y los hijos de Zebedeo -Santiago y Juan- por el otro.
En la invitación se define la misión: serán pescadores de hombres; no tanto por cantidades de piezas a atrapar, tampoco por múltiples anzuelos a enganchar.
Se trata de mantener con vida a una infinidad de pequeños peces en redes que no son prisiones, redes que liberan.
Los pescadores dejan todo y lo siguen... sin embargo, seguirán haciendo lo que mejor saben y conocen, solo que ahora tendrá un destino de eternidad. Seguirán siendo hermanos y también hijos, pero no se limitarán a los lazos de sangre, agrandarán la familia hasta límites increíbles.

¿Dónde nos hemos quedado?
En algún punto del caminar a través de los siglos, nos hemos perdido y esos signos y esos símbolos ya no nos revelan el sentido, el hacia dónde de Jesús; hemos renegado de esas raíces galileas.
Raíces galileas que no referencian tanto a un punto geográfico, sino a emprender el camino del mismo modo del Maestro. En la periferia de la vida, en donde están los sospechosos de siempre, los permanentemente despreciados, ese pueblo que habita en tinieblas, en donde campea la muerte, allí mismo, que brille la luz de la Buena Noticia en donde toda novedad es habitualmente mala.
Raíces de pescadores de hombres, llamados a ser plenos y servidores desde lo cotidiano, lo conocido, felices desde la vida de todos los días)

Paz y Bien




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