Crisis de ambición

Para el día de hoy (17/10/11):
Evangelio según San Lucas 12, 13-21

(En la parábola del rico insensato, hay un distingo que llama la atención: en su realidad y en su horizonte sólo está él mismo. No hay espacio ni concede lugar a esposa, hijos, amigos, enemigos, servidores, vecinos, competidores. Dios tampoco. Sólo es un ego voraz que se cree sol alrededor del cual orbita todo lo demás.

A la ética de la acumulación desenfrenada se corresponde un vaciamiento consuetudinario de toda trascendencia, y esto es mortal.
En el altar del egoísmo se realizan sacrificios humanos, y desgraciadamente no nos causa demasiado espanto; sin embargo es así, porque en el afán del tener, la víctima es el prójimo.
La realidad de la crisis económica actual no debería sorprendernos, y está mucho más allá de todo análisis político, ideológico o socioeconómico: es ante todo una cuestión cordial, de almas cerradas que ansían el yo antes que el nosotros, que desoyen el grito de los pobres, de los que se quedan sin trabajo, de las dignidades humilladas sin piedad.
Porque no habrá solución posible mientras se siga discutiendo los modos tolerables de la ambición de unos pocos, y el sufrimiento de tantos.

Para el rico insensato de la parábola el otro no cuenta; sólo existe el sí mismo, y eso mismo es causa de perdición. No hablamos, claro está, de un dios que se esmera en andar condenando en tiempos postreros conductas punitivas: hablamos de almas que están repletas de lo perecedero, sin espacio posible para el hermano, ni mucho menos para Dios.
Se trata de lo que cada uno de nosotros nos llevaremos de este paso fugaz que llamamos existencia, y se trata también de morir aún cuando el corazón siga latiendo.

Por ello mismo quizás no se trate de buscar capitalismos alternativos, sino de animarnos a enriquecernos en solidaridad y compasión, en la ilógica santa del Reino que implica que la auténtica riqueza se fundamenta en el dar, dar cada día más, dar siempre, darse, como Aquél que nada guardó para sí sino que lo ha dado todo. dignas hijas e hijos de ese Dios que es donación eterna)

Paz y Bien


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