Apuntes para los trabajadores de la mies




Santo Toribio de Mogrovejo, obispo, patrono del Episcopado Latinoamericano

Para el día de hoy (27/04/15):  

Evangelio según San Marcos 9, 35-38



La tarea es mucha. Hasta por la enormidad que se percibe puede amilanar a más de uno, decantando en razonadas justificaciones por las cosas omitidas, por los compromisos abdicados, todas excusas para no navegar mar adentro de la confianza, de la fé.

Pero una de las cuestiones fundamentales de la convocatoria a esa tarea es Quien convoca, invita, confía en sus trabajadores. Los cosecheros, mujeres y hombres frágiles seguidores, con todo y a pesar de todo, de Cristo Resucitado, tienen por delante de sus ojos y sus existencias una tarea que estará caracterizada y se decide por la compasión, es decir, por el dolor del otro asumido genuinamente como propio, en la asombrosa generosidad incondicional de la caridad.

Llevar Buenas Noticias allí en donde nada es nuevo y nada es bueno. Esparcir con alegre derroche la Gracia, que no es nuestra pero que fecunda la tierra. Abrir sin miedos todas las puertas y las ventanas de la casa que llamamos Iglesia, porque allí hay una mesa grande con lugares para muchos, en el ágape de la vida concelebrada. Luchar mansamente y sin descanso contra la soledad y la injusticia. Expulsar de las almas a toda corrupción, con la fuerza de Aquél que se ha quedado para siempre.

La viña no nos pertenece, y eso ha de esmerilarnos los orgullos y las soberbias. Estos campos son de Otro, confiados a nuestro cuidado, en una confianza desmedida y desproporcionada respecto de la aquella que solemos depositar en Él.

Muy especialmente, hemos de reflexionar en la tarea de cosechar. 
Cosechar no es cuestión de praxis continua y a menudo sin sentido, en las puras ganas de hacer. Cosechar implica que ha habido germinación y crecimiento, y que hay frutos que recoger, frutos siempre buenos.
Cosechar es ante todo tarea de fé. Cosechar es confiar, corazón adenrto, que el Espíritu que todo sostiene y empuja, y que sopla en donde quiere y por todas partes, ha suscitado por todas partes y en los sitios más insospechados, frutos santos, vitales, únicos, que esperan ser descubiertos y levantados, para que se re-cree la esperanza.
Esa, precisamente, es la tarea de los cosecheros. Y no hay suficientes.

Hacia el Dueño de la viña vá nuestra plegaria, para redescubrirnos trabajadores empeñados en santa tarea, y para que el Espíritu siga creciéndonos pastores para tantas ovejas libradas a su suerte.

Paz y Bien




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